Las ‘Flappers’, el empoderamiento femenino que vistió guantes largos
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GLOVE MAGAZINE

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En un tiempo en el que es frecuente hablar de ‘it girls’ y de ‘influencers’, hay que echar la vista un siglo atrás para encontrar a las primeras mujeres que realmente marcaron tendencia: las ‘flappers’. Y lo hicieron a través de su estética y de su comportamiento, desafiando los cánones establecidos en su época y dando un auténtico golpe de efecto en la sociedad americana de los felices años 20. Hoy recabamos en ellas porque, siendo como fueron reinas de los accesorios de moda, en su transgresora indumentaria tuvieron un claro protagonismo los guantes. Aunque hay que decir que, tras su imagen rompedora, había mucho mensaje. Su provocación estuvo más en su forma de ser que en la de vestir…

De la Primera Guerra Mundial (1914-1918) nació un mundo nuevo con muchas cosas que solucionar y una nueva realidad social en la que el papel de la mujer experimentó cambios relevantes. Unos cambios que empezaron a gestarse ya durante los años de guerra. 

Explican R. Palmer y J. Colton en su ‘Historia Contemporánea’ que la insaciable necesidad de tropas durante la Gran Guerra, “obligaba incluso al reclutamiento de hombres rechazados al principio como inicialmente inútiles, de manera que en fábricas y en oficinas se colocaron grandes cantidades de mujeres. Las mujeres se encargaron de muchos trabajos que se pensaba solo podían hacer los hombres. Se revolucionó la posición de las mujeres en la sociedad, se transformaron la institución del matrimonio y las relaciones marido y esposa, y las vidas, la libertad y las perspectivas de millones de mujeres se situaron fuera del hogar”. 

En ese contexto se empoderaron las flappers, anglicismo que se utilizó en la época como sinónimo de ‘jóvenes a la moda’, con todo el rupturismo que ese concepto después representó.

Los años de conflicto bélico y la posguerra cambiaron la forma de vida de la mujer, que empezó a salir a diario de su casa para trabajar. Con ello, cambió también su forma de vestir porque, obviamente, nadie es capaz de aguantar una jornada laboral con un corsé. Su vestuario se volvió más cómodo para poder moverse y desplazarse con mayor facilidad. Pero la cosa no quedó ahí porque, lo que empezó como una incorporación al trabajo por necesidad, se convirtió en una voluntad por emanciparse y liberarse de la opresión machista que imperaba en la sociedad en que vivían.

Ahí es donde las ‘flappers’ pisaron fuerte, convirtiéndose en un icono transgresor que no solo se notó en el ámbito laboral, sino mucho más y sobre todo, en las relaciones sociales y el tiempo de ocio. Y, todo eso, se vehiculó a través de una estética muy característica que ha quedado grabada a fuego en el tiempo. 

Pelo corto y guantes largos

El nuevo modelo de mujer que nació de la Primera Guerra Mundial protagonizó un gran cambio en la moda. La  gran Coco Chanel supo empatizar con ella a la perfección, captando “las necesidades de aquella generación de mujeres que quería olvidar las penurias y romper con el pasado. Mujeres dinámicas, emprendedoras que conducían coches, bailaban y hacían deporte”, explica Yolanda Morató en su libro ‘Divas’, en el que habla de siete mujeres unidas por su lucha e inconformismo, por su personalidad y autenticidad, por su estilo inconfundible e insustituible, por su divismo y rebeldía. 

Entre ellas Coco, quien explicó que por aquel entonces empezó a trabajar “para una sociedad nueva. Hasta el momento habíamos vestido a mujeres inútiles, ociosas; mujeres a las que sus doncellas tenían que poner las medias. A partir de ahora mis clientas eran mujeres activas que necesitaban sentirse cómodas dentro de su vestido y poder recogerse las mangas”. 

Coco Chanel liberó el cuerpo de la mujer, eliminando el corsé y creando propuestas de moda más cómodas, convirtiéndose así en un gran referente para la mujer moderna. Cuando estalló la guerra, todas las mujeres querían comprar sus prendas prácticas y ligeras. Ella misma las vestía, llevaba pelo corto al estilo ‘garçonne’ y lucía sartas de perlas falsas. “Me gustan las joyas falsas porque las encuentro provocativas. Pienso que es una vergüenza ir de aquí para allá con el cuerpo cargado de millones por la simple razón de que una es rica. La finalidad de las joyas no es hacer rica a la mujer que las lleva sino adornarla, lo que no tiene nada que ver”. 

Las flappers se cortaron el pelo hasta la mandíbula, estilo bob, empezaron a maquillarse de forma llamativa, a lucir prendas más cortas, guantes más largos, hileras de perlas como Coco y accesorios repletos de plumas, flecos y lentejuelas. La consigna parecía ser ‘todo menos discreción’. 

También fueron valientes exhibiendo una conducta más liberal, mostrando abiertamente cómo se divertían en locales nocturnos como hasta entonces solo habían hecho los hombres: bebiendo alcohol, fumando cigarrillos en largas y elegantes boquillas y escuchando jazz, mucho jazz, principalmente en clubes privados porque la mayoría de bares y cabarets habían cerrado puertas con la entrada en vigor de la Ley Seca.

Jazz, charleston y mala fama

Con esa actitud y esa estética, se lanzaron a bailar ‘charleston’, convertido en símbolo de la época del jazz. En opinión de la profesora de historia de la universidad de Berkeley (California), Paula Fass, “los nuevos bailes introducidos representaron la rebelión de las chicas jóvenes de la época”. “Las flapper, con sus rodillas juntas y las manos cruzadas, fueron las que mejor escenificaron este nuevo tipo de baile”, según refiere la historiadora estadounidense Angela Latham. 

Todo ello les valió ser consideradas poco menos que como prostitutas. Por supuesto, a ninguna madre de la época le hacía ilusión ver a sus hijos con ellas. Lo que aún no sabía nadie, es que estaban cambiando la historia, no solo la de la moda sino la historia en general y, muy en particular, el futuro de las mujeres. Porque, el papel de la mujer reducido al cuidado de la familia y con poca repercusión fuera del ámbito doméstico, el de la mujer madre y esposa, fue arrasado por un nuevo cliché: las flappers ya no anhelaban eso. Soñaban con ser actrices o bailarinas y, si no podían conseguirlo, por lo menos querían parecerse a ellas. 

En ‘Las chicas creen en las chicas’, F. Scott Fitzgerald, uno de los autores americanos que más popularizó a las ‘flappers’ en sus obras, se refiere a ellas como “mujeres surgidas en los años 20 en EE.UU que usaban minifaldas, lucían un innovador corte de pelo y solían beber, conducir y fumar”, haciendo un análisis de cómo se estaba dando una revolución ideológica en las féminas norteamericanas del momento, que ya no creían ni en príncipes ni en héroes. Afirma Fitzgerald en su obra que “los hombres, al quedar reducidos por el gran matriarcado nacional a animales para hacer el amor, ya no necesitan que se les consideren sus funciones retributivas, sacerdotales o dominantes, bajo las que pedían cuentas o emitían juicios, porque entonces no hacen sino comportarse como estúpidos”.  

Un nuevo icono de mujer

Muchos años más tarde, películas como Chicago (2002), Burlesque (2010) o Moulin Rouge (2001) nos han seguido transportando al mundo ‘flapper’, donde el baile, la libertad, el maquillaje, el jazz, los vestidos de flecos y, sobre todo  el empoderamiento femenino, marcaban el rumbo. En España, la serie de televisión ‘Las Chicas del Cable’ también hizo un guiño a las ‘flappers’. Aunque si hay una película que realmente representa a las ‘flappers’ es ‘El Gran Gastby’, adaptación fílmica de la novela del mismo nombre, de Fitzgerald, galardonada con el Oscar a mejor vestuario por su magnífica escenificación de la estética de los años 20.

Iconos de la moda y el glamour, las flappers crearon un estilo propio y fueron admiradas por millones de mujeres que soñaban con parecerse a ellas. Promovieron y manejaron los avances de la época y lucharon por obtener su reconocimiento social. Aquella mujer de clase media tan mal vista en su día, se empoderó para seguir un estilo de vida independiente en un país, EE.UU, que como el historiador Paul Johnson afirmó, «en los años veinte tenía muchas cosas para horrorizarse, cautivarse o fascinarse, pero sobre todo tenía el jazz». (Cita recogida por Isabel María García Conesa y Antonio Daniel Juan Rubio en “La mujer estadounidense y el ocio en los años 20”)

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